PONCE CONTINÚA REINANDO EN EL TOREO
E-mailCON SU GRAN FAENA AL CUARTO DE LA GANADERÍA PUERTO DE SAN LORENZO, EL MAESTRO PONCE NO SÓLO CELEBRÓ POR TODO LO ALTO SU CINCUENTA PASEÍLLO EN LA PLAZA DE VISTA ALEGRE, SINO QUE VOLVIÓ A CORONARSE EN EL VEINTE ANIVERSARIO DE SU ALTERNATIVA .
Aunque la presidencia se negó cerrilmente a darle la segunda oreja, el público le compensó con una vuelta al ruedo clamorosa y con la ovación más larga que se haya escuchado jamás en esta plaza. El torero Diego Urdiales, valiente sin más, e Iván Fandiño, que estuvo irresoluto y fue desgraciadamente herido, no anduvieron a la altura del gran acontecimiento.
Pero vayamos al único momento culminante del festejo porque ni Ponce, aunque anduvo muy por encima del nada fácil primer toro, ni Urdiales pese a sus muchas ganas y al valor que le echó al quinto, ni Fandiño, tan deseoso como torpísimo con sus dos enemigos –mucha tela para el diestro vasco–, solamente con el noble cuarto ejemplar de la ganadería salmantina la jornada alcanzó el altísimo nivel con que Enrique Ponce volvió a mostrar sus regias credenciales.
Bueno, aunque a menos, su brío en este toro, el maestro lanceó con templada elegancia en el recibo, lo lidió con administrada sabiduría y, una vez brindada la faena al público, lo toreó sobre ambas manos con tanta sutileza como enjundia. Desde los doblones del inicio hasta el abaniqueo del final que precedió a una estocada contundente aunque algo caída, la plaza saboreó pase a pase, pausa a pausa, tramo a tramo una de esas obras sinfónicas que distinguen al valenciano, capaz de sacar siempre de los toros más partido del que tienen. En sus manos los toros se vuelven tan obedientes que parecen desaparecer. Ponce llena toda la escena y tanto su toreo como su estar y andar por la plaza, se convierten en un acto del más caro ballet que se pueda contemplar en una plaza de toros frente a un animal que, al fin y al cabo, siempre puede herir y hasta matar a quien tiene delante. Y ahora a esperar a ver cómo explican esto sus enterradores. Ponce, ayer, los enterró a todos.
Bilbao, 28 agosto 2010.
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