ENTRE PERROS
E-mailLA CORRIDA NO HIZO PRISIONEROS. SE SALIO DEL GUIÓN Y SALIO DE CHIQUEROS PARA DECLARAR LA GUERRA. MUY DURA. FUE AMPLIA Y CUMPLIDA Y VOLVIÓ FEAMENTE GRUPAS A LA FECHA DE UN CLÁSICO: los cincuenta paseíllos de Ponce en Bilbao. Acostumbrado a ser hombre con esas embestidas que pasan arañando siempre machos, taleguillas y hasta el mismo aire, Fandiño había soñado con embestidas de algodón desde que lo anunciaron con la de El Puerto. Recordará no haber lidiado nunca dos toros tan amargos. El sexto resumió parte de esta encrucijada que fue la corrida. A porta gayola se fue, se paró el toro, se la tiró y le vino a hacer el quite Mario Romero, a quien baleó el toro en la tronera del burladero. Minutos después, mientras Fandiño se la ponía como siempre la pone, como se cita al bueno, cayó herido. Había vivido la corrida en esa frontera del ay y el hule desde el inicio y en el quinto Urdiales se libro por puro azar. Dura corrida, duro agosto, dura carne de perro de los toreros, tan denostados, tan a cara de perro. Y Ponce. 50 en Bilbao.
Procuramos entonces, de perro a perro, conscientes de que un hombre, Perera, lloraba no lejos de allí su mala suerte con una vértebra rota y el alma quebrada, dar sentido humano a lo que otros no dan. A quienes nos niegan. Esa es nuestra esencia de aficionados y partidarios de este mundo en el que hay apenas una línea de seda sutil entre la risa y el llanto. El sentido lo damos con nuestros actos. Matías presidente, tantos años aislado con su lupa de reglamento en las alturas, tan en su urna de cristal, decidió ser recordado en el 50 aniversario de Ponce y en el tsunami de una corrida dura de verdad, por no seguir el buen corazón de las mejores gentes que hay en las plazas de toros, las de Bilbao, y dar solo una oreja cuando toda la tarde de dureza, toda, la plaza, todo el mes de agosto de toreros heridos, todo el llanto de Perera caído, y toda la ilusión de Urdiales y Fandiño lo pedían. Pedían a pesar del bajonazo. Hay días que el bajonazo está en las alturas, en el palco. Hay días en los que los reglamentos son una mierda. Cristalino, sin literatura. Qué pena, tanta soledad de tantos años en esa urna de cristal del palco. Se pierde la perspectiva de que solo nosotros podemos y debemos dar sentido a nuestros propios actos.
Vivimos al margen del herido, mal asunto para el ser humano. Lo escribo para declarar, una vez mas, que es Bilbao plaza de respeto y de memoria, tan señorial, que al final del tramo de una carrera histórica, le vale madre una lupa y un reglamento. Bien Bilbao con Ponce, y con los otros toreros, valorando lo que se hizo a una corrida que, excepto la isla pajuna de la condición del segundo, fue de armas tomar. La oreja de Ponce vino precedida de su batalla a un toro reponedor, que no rompía para adelante y al que había que atacar y atacar. Marcó el listón de exigencia, pero por abajo. El segundo de su lote, que salio pacifico, se torno en embestida fuerte, mejor por el lado derecho y Ponce, tras brindar, se doblo con el de salida, se fue a los medios y se apretó a la velocidad del toro. Más que el calibre de una faena de variedad y pausas, de molinetes, de porcinas, de cambios de mano preciosos, de circulares ligados, de un bello toreo a dos manos de final, mucho más que eso, era la cara, el rostro de cada aficionado. Mató Ponce de baja espada. Con la izquierda no hubo lío, tampoco el toro era bueno por ahí. Pero hay tardes en los que o se valora el ruido del corazón o esta fiesta tiene sentido estrecho.
Sobre todo viendo como se la puso al burraco manso y peligroso tercero Fandiño. Pocas veces saldrá en esta vacada un toro tan malo. Quizás nunca más. Frenado en el capote, orientado, de movilidad seca y fuerte y hacia el cuerpo. Miró, midió, probó y no acertó porque, a veces los toros malos se quedan con las ganas de herir. Ese hombre se fue a porta gayola a recibir al sexto, abierto de sienes y bajo de cruz, que se le freno justo al pie de la arena gris. Se le vino seco en dos trancos, tiró la larga y, cuando le hacía hilo, Mario Romero le hizo el quite, pero se quedó como el que se queda atrapado en la puerta repleta de un bus repleto un día de tormenta y el toro le cazó en la tronera del burladero. Luego declaró el toro querencia a los adentros, feo estilo, violencia y peligro. En una tanda con la mano derecha el toro llego a tirarle varios derrotes hasta que le alcanzó en el muslo. Otros dos toreros al hule en este agosto de carne de perro del que no tenemos derecho a aislarnos pues si el gaje del oficio va la cornada, en el oficio del ser humano va dar razón de ser a esto que ya pocos entienden.
Hoy pudo ser tarde de gloria del toreo, y se quedó en tarde de sangre. Lo que no podemos controlar, las cornadas del toro, logran titulares. Lo que podemos controlar, el éxito, la otra cara de esta fiesta viva, lo descontrolamos y ya esta. Quizás piense Urdiales lo mismo, frente a ese torazo que en días era antirreglamentario por edad. Grande como la crisis, serio como el diablo y duro, sin una embestida en la que no tirase cinco o seis derrotes. Una y otra vez ese torero se la puso, se libro de la cornada por los pelos, firme y valiente y se quedo sin premio porque no acertó con la espada. Chapó a todos. Y a Bilbao, que es gente de bien, baluarte del toreo. Lo siento, no puedo decir lo mismo de Matías presidente vitalicio por la gracia de Dios o de quien sea. Hay días, Matías, en los que, o somos seres humanos que damos sentido al sentimiento colectivo o nos achicamos tanto que somos poca cosa. Un hombre apegado como siamés a un reglamento. Tiene usted razón la estocada fue baja. Eso, sin duda alguna, es superior en esencia, en fondo, en razonamiento a una tarde perros, a un agosto de perros, a un perro roto llorando en un hotel, y a 50 tardes de gloria que entraban en la historia. Enhorabuena.
FOTOGRAFÍA: TERROSO - BURLADERO.COM
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CRÓNICA DE C.R.V. PARA MUNDOTORO.COM
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