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May 19, 2012
Gracias por vuestra fidelidad


EL JULI EN BAYONA.

ImageEl diestro madrileño Julián López "El Juli" ha paseado tres orejas en su encerrona en solitario en la plaza de Bayona, donde el fallo con la espada en varios ejemplares le han impedido sumar más trofeos.

Abrió plaza un buen ejemplar de Puerto de San Lorenzo, noble y con temple, con el que el de Velilla alcanzó grandes momentos por ambas manos a base de técnica, seguridad y apuesta. Fue una faena emotiva, que el madrileño brindó al novillero Patrick Oliver, alumno de la escuela taurina que lleva su nombre. Sin embargo, el fallo a espadas le impidió pasear un trofeo.

Las dos tenía aseguradas del segundo, un toro noble y con gran fondo de Ana Romero con el que consiguió los mejores momentos de la tarde en una faena con series rotundas ligadas por abajo en ambas manos en la que volcó la plaza con un final de cercanías con varios circulares ligados en trenza. Sin embargo, volvió a pinchar y sólo paseó una oreja.

Tras esos dos turnos, la corrida ha entrado en barrena. Lo hizo con un tercero de Toros de Cortés con genio y sin opciones, con el que abrevió Julián. Tampoco ayudó el cuarto, del Puerto de San Lorenzo, un animal manejable pero de poco fondo, que se acabó enseguida y con el que El Juli trató de sacar agua sin poder brillar.

El quinto no fue un toro fácil, midiendo mucho al de Velilla el de Ana Romero. Sin embargo, El Juli se impuso con raza y autoridad en una faena de apuesta y grandis dosis lidiares y de técnica. Sin embargo, volvió a pinchar su labor, por lo que también se quedó sin premio.

Sin embargo, el madrileño se desquitó con el sexto, de Victoriano del Río, un buen toro con el que sacó artillería pesada: larga cambiada, quite por lopecinas y banderillas antes de una faenón de mano baja, temple, encaje, ajuste y profundidad. Un espadazo puso en sus manos el doble trofeo y, por fin, la puerta grande.

Bayona (Francia). Sábado 5 de Septiembre. Lleno.

Toros de Puerto de San Lorenzo (1º y 4º), Ana Romero (2º y 5º), Toros de Cortés (3º) y Victoriano del Río (6º), bien presentados. Manejable el 1º, noble el 2º, complicado el 3º, desrazado el 4º, exigente el 5º, noble el 6º.

El Juli, como único espada, saludos, oreja, saludos, silencio, saludos y dos orejas.

burladero.com "El Juli pasea tres orejas en una encerrona marcada por pinchazos en Bayona"

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Con una rotunda ovación galante recibieron a El Juli en Bayona. Con otra de sincera entrega lo despidieron cuando lo paseaban a hombros al cabo de dos horas y pico de festejo. Era corrida de único espada. Para conmemorar las diez temporadas consecutivas que El Juli lleva toreando en Bayona. Palmarés insuperable. La corrida fue más compleja de lo previsto. Hubo tres toros propicios y tres que, por raros azares, no tanto. Los propicios fueron de cada uno de los tres encastes que El Juli había elegido para la fiesta: uno de Atanasio, el primero de la tarde, con el hierro de Puerto de San Lorenzo; otro de Santa Coloma, segundo de salida, con el hierro de Ana Romero; y uno de rama Domecq, de Victoriano del Río, que fue sexto y último.
A los tres los toreó El Juli muy bien, pero al primero no le vio la muerte hasta el tercer viaje; al de Ana Romero sólo al segundo embroque; y, en fin, al de Victoriano del Río lo cazó con fe insuperable de estocada algo trasera. Y descabello. Cada una de esas tres faenas se atuvo a razones distintas y en las tres dio El Juli la medida de su inteligencia y su repertorio. Modélica la manera de, en los medios, dominar suavemente en la media altura el noble son pero la fuerza delicada del santacoloma de Ana Romero.
Muy redonda la forma de, sólo en los medios, poderle al precioso toro del Puerto que apareció en la primera escena. Y espléndida, exuberante la exhibición con el noble pero rajadito toro de Victoriano del Río que se soltó cuando, con cinco toros arrastrados, El Juli llevaba de triunfo visible y sonoro tan solo una oreja.
La del toro de Ana Romero. Y cuando acababa de pegarle al quinto, de Ana Romero también, ocho pinchazos sin pasar ni una vez porque, montado, puesto por delante y afilado el pitón derecho, el toro le estuvo esperando todas las bazas. El público de Bayona tuvo un detalle magnánimo. El toro de los ocho pinchazos fue aplaudido en el arrastre, sin razón mayor, y, después del arrastre, le pegaron a El Juli una ovación cariñosísima. E inesperada. Esas palmas de aliento fueron gasolina. El Juli le puso a la gasolina mecha y enseguida la prendió.
El Juli del sexto toro fue el genio de la lámpara. Desbordado, enfurecido, capaz de poner de pie a la plaza entera varias veces: con un quite de lopecinas o zapopinas, con tres pares y medio de banderillas, con una estocada de darlo todo. Y con una faena de hermoso saber qué es lo que hay que hacer con un toro, cuánto, cuándo, cómo y dónde. Despacísimo El Juli. Encajado, embraguetado, a placer. En tandas despatarradas en los primeros embroques tras cites de largo. La primera sorpresa fue abrir faena con uno cambiado por la espalda pero para coserlo con toreo de mano baja.
Fue el descorche de champán, que corrió luego en catarata. La muleta por delante, enganchado el toro, primorosamente embarcado, soltado y vuelto a enganchar. Toreo por abajo, ligado. En el sitio.
Y rematado con los cambiados y de pecho tan del repertorio propio de El Juli, que es el canon clásico.
Redonda la faena hasta que el toro empezó a rajarse. O a pretenderlo. Porque entonces hizo El Juli uso de su sexto sentido: para sujetar al toro y no dejarlo irse a las tablas. En ese muleteo de sujetar apareció de pronto El Juli de rodillas en uno de pecho y tres por delante, que pusieron a reventar el ambiente. La última sorpresa de la corrida. Tras la estocada, un molinete para librar el arreón del toro.
Este rampante final pudo con el lastre de los tres toros jugados justamente por delante, que en corrida de tres espadas no hubieran pesado tanto. El tercero, del hierro de Toros de Cortés, cabezón, en atanasio basto, se frenó primero, se defendió después, se metió por las dos manos. El cuarto, del Puerto, bravo en el caballo pero muy sangrado, se vino abajo y, desinflado, tomaba al paso el engaño sin celo. Metió entre las manos la cara. El quinto, el de los ocho pinchazos, estaba hecho al revés, muy levantado, y, aunque fue toro pronto, y descolgó por la mano izquierda, no tenía golpe de riñones y derrotaba por sistema. Se habría lastimado en una vara con derribo. Espinosa papeleta, como el toro, que se revolvía en un palmo. A este quinto le pegó con la zurda El Juli tandas de tensión. Cuando más emoción había, se arrancó la banda con el inefable Nerva y adiós invento.
De las dos primeras faenas, la del toro del Puerto, construida con mente de ingeniero, no tuvo remate con la espada. La del santacoloma de Ana Romero, cárdeno entrepelado y berrendo, fue una deliciosa colección de invenciones. Lo que hizo El Juli, además, fue lidiar con la sobria precisión de los elegidos. Ni un capotazo que no tuviera sentido. Resolver con el capote los problemas antes de que pudieran sentirse siquiera. Hacerle en el primero al banderillero Pepe Mora un quite providencial tras una caída a merced del toro. Y, como era de prever, hacer alarde de su repertorio tan rico en el toreo de capa. La verónica pura, limpia y severa de salida. Y el floreo de quites de todos los colores.
Chicuelinas, faroles, caleserinas, tafalleras, gaoneras, de frente por detrás, delantales. Medias de llamativa cadencia, largas de traerse toreados hasta el final del vuelo el toro. Hasta una larga cambiada de rodillas para encender el fuego grande en el último toro. Salvo en ese último, no anduvo fina la espada. El final, con ruidosa apoteosis, tapó los lunares. Y dejó en relieve el cuerpo entero del torero largo, serio, capaz. Carácter de hierro, nervios de acero, pulso de seda.

Bayona, 5 septiembre 2009.

Crónica: Barquerito, "El Juli salva una peliaguda prueba"; lavozdigital.es

Galería: "Encerrona del Juli en Bayona". burladero.com Roger Martín