RINCÓN Y FINITO, UN PEQUEÑO ESCÁNDALO.
E-mailSalamanca, 15 septiembre 2007.
BARQUERITO.
De buena nota el primero. De buen juego segundo, tercero y sexto.
Antes del paseo se coló en el ruedo un grupo de músicos y danzantes con el atuendo tradicional charro. Un breve concierto de folklore puro. Se abrió la puerta de cuadrillas y ni joteros ni músicos hicieron amago de salir de escena. Al lado de Rincón se colocó un afinado gaitero con su bien tañido tamboril. Larga espera. Inquietante y misteriosa melodía, pero no taurina. Cuesta casar esa atávica música con nada que no sea su propio compás ligero, agudo, martilleado, subrayado por un batir de crótalos y címbalos. Hermoso concierto. Al fin se abrieron paso los alguaciles y la tropa. Al compás de un pasodoble.
Anticiclón. Una preciosa tarde. Y empezó la corrida de Lorenzo Fraile. Los toros del Puerto. Siete, porque saltó un sobrero. El de mejor nota fue el primero. Acodado, bien hecho, no ofensivo. En danza enseguida. Desde el primer embroque. Bueno el ritmo en los capotes, brega indefinida de Rincón, un puyazo con fijeza y puyazo durísimo. Muchos capotazos de más y sin razón, brindis de Rincón al público y a trabajar o algo así. Arriba el toro, que sacó el fondo que se había estado sintiendo bullir. Rincón trató de torear sobre seguro, pero cuando pretendió estirarse, se vio desbordado, desarmado. No es que apretara el toro, pero embistió con potencia, y repitió con codicia. No se podían tirar líneas sin más. La gente se puso de parte del toro enseguida y Rincón oyó protestas. Se le iban los pies, estaba algo sobresaltado. Le puso nervioso el público. Un renuncio. Se fue a cambiar de espada. Pero se lo afearon con duras palabras y optó por volver al toro, que había echado dos o tres borrones: escarbar dos o tres de las veces en que lo dejaron suelto. A Rincón no le salió nada. Una estocada. Arrastre muy jaleado del toro. Los tres hermanos Fraile que han lidiado en feria (Nicolás-Valdefresno, Moisés-El Pilar, y El Puerto) han echado por lo menos un toro de calidad en cada turno. De los seis de Lorenzo contará ese, que era el penúltimo que mataba Rincón en Salamanca. Descarado, rizoso y vareado, sin rematar del todo, el segundo galopó, volvió contrario y se empleó en larga vara. No fue una caricia. Finito toreó a la verónica en el quite: tres lances. El remate fue media o sólo un cuarto, pero de lánguido trazo clásico. Tenía alegría el toro, que volvió a galopar en banderillas. No terminó Finito de resolverse ni de meterse con él. Me pongo o no me pongo, salgo, entro, voy, vengo… Trasteo de muchos muletazos. Elocuente la caligrafía de algunos de ellos, fuera del cacho del toro o, raramente, dentro de él. Ágil el toro, de fino cuello. De haber metido los riñones más en serio, habría sumado casi tanto como el primero. Un aviso antes de cuadrar Finito el toro. Dos pinchazos, una estocada. Muy vaga la apuesta.
El tercero, abrochado y engatilladito, bizco, cornicorto, alto y estrecho, salió abanto y corretón, trotón después. Con la querencia a toriles o corrales tan común en los toros desenjaulados en el ruedo de Salamanca. Se le fue de engaños a Valverde más de una vez, apretaba de manera irregular, pero metía la cara. Toro facilito. No le cogió el aire Valverde, puesto demasiado encima, chillón. Adornos caracoleros: un abanico y un farol. Pero los deberes mayores se quedaron sin hacer. Dos pinchazos, un descabello.
Descalabros
Después vinieron por su orden dos descalabros. Dos y medio. El cuarto, muy hermoso, apaisado de cara, tomó por abajo el capote de Rincón en el saludo. Lo habían estrellado antes de los lances, bien templados. Rincón se cerró más de la cuenta y de un penúltimo lance salió el toro despedido y lanzado casi contra tablas. Se lesionó. Lo devolvieron. El sobrero, de ofensivo cuajo, astifino, fue más toro que cualquier de los que iban ya arrastrados. No le convino a Rincón. Enganchones en el capote, lidia sin criterio, dos puyazos en regla, y el segundo se protestó con fuerza porque el toro acababa de enterrar los pitones. Ninguna confianza de Rincón. Con la cara arriba, un punto andarín, toro desapacible. Rincón aguantó. Le pegó sin asiento muchos pases, nunca dos seguidos, aquí y allá, sin brújula. Se echó la gente encima. Un pinchazo y una estocada.
El quinto fue toro hondo y cargado de carnes. Bien puesto, aunque no astifino, ni descarado siquiera. De andares sesgados, como les ocurre de salida a tantos toros desenjaulados en La Glorieta. Finito echó por delante a Rafael de la Rosa para que lidiara y eso, que es legítimo, levantó un alud de furibundas iras. Para colmo, el toro salió manso de blandearse, de irse de un caballo a otro doliéndose. Parecía afligido Finito. El público de sábado en feria de Salamanca es más impulsivo y espontáneo que el de otros días.
Ahí apareció entonces su fondito cruel y pusieron a Finito en el punto de mira. Le dijeron cosas desagradables. Finito estaba deseando terminar pero es que ni empezaba. Arreones de manso pegó el toro al resabiarse. Deambulaba. Un puyazo en el picador de puerta lo dejó molido. Rebrincado, a la defensiva, punteó descompuesto. El capote de brega de Montiel hizo milagros para tener a raya el toro. Finito montó la espada malhumoradamente. Cuatro pinchazos, seis descabellos a toro tapado, una bronca feroz.
Lo justo para Salamanca tuvo el sexto toro, que fue muy bondadoso, tuvo el fuelle justo, enterró pitones de tanto humillar, descolgó enseguida y tuvo en la muleta ritmo dulce y pies lentos. Valverde se hizo presente primero con una larga de rodillas que calmó a todo el mundo. Cambió el decorado. Una revolera ligada con una brionesa, un quite por faroles y caleseras, brindis al público, mucha fuerza por la boca. Y una faena desigual, bien compuesta, templada o fría, ligadas dos tandas, no ligadas otras tantas, cierta dulzura en embroques sueltos, muchos gestos para la galería, una estocada, una oreja.
Ficha técnica:
Seis toros de Puerto de San Lorenzo (Lorenzo Fraile). El cuarto, sobrero. Corrida de desiguales hechuras y remate. De buena nota el primero. De buen juego segundo, tercero y sexto. Complicado el sobrero. Manso el quinto.
César Rincón, de marengo y oro, silencio y pitos. Finito de Córdoba, de carmín y oro, silencio tras un aviso y bronca. Javier Valverde, de mahón y oro, saludos y una oreja.
Salamanca. 7ª de feria. Media entrada. Templado, soleado.
Copilsa. 16.09.2007 Ver enlace.
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