CONFIRMACIÓN Y PUERTA GRANDE.
E-mailDomingo de Resurrección, 8 abril 2007. Plaza de Toros de Las Ventas, Madrid.
BARQUERITO.
Firme pero terco el torero extremeño, que abrió faena con estatuarios en el platillo y dejándose venir a su tranco al toro de largo con toda su artillería. La firmeza y el ajuste fueron notas de peso de la faena. No tanto el ritmo ni el acople. Arrollado por el toro a mitad de embroque, Talavante estaba teñido de sangre de toro desde los machos hasta la sotabarba. La envergadura del toro pedía flexibilidad o más recursos.
Talavante se aferró al toreo a pies juntos, y de muletazo a la espera sin apenas tener que esperar porque el toro se movió mucho. Como toda la corrida del Puerto, que, en aire y son distintos, dio otros dos toros francamente buenos: los dos últimos. El quinto, de formidable hondura, se vino arriba en banderillas y rompió en la muleta en cuatro compases. Nada del toro frío habitual en la línea Lisardo-Atanasio. Sino el toro templado, que por la mano izquierda descolgó, humilló y repitió de forma sobresaliente. Como era corto de manos, encogido en el primer tercio pero bien sangrado, echó el hocico al suelo en cuanto fue invitado. En calidad fue el toro de la corrida. Aunque berreara más de una vez y dos. Manzanares hizo con él un esfuerzo. Porque era seguramente el toro que estaba esperando en Madrid. El esfuerzo parecía tener por freno al propio Manzanares, que dibujó y compuso bellamente con la mano izquierda pero no se atrevió a llegar al tercer muletazo seguido ligado.
El sexto fue el más original de los seis del Puerto. Hondo también. No tanto como el quinto. Con el rabo barría la arena. Hizo salida de manso pregonado: al paso, olisqueos, frenadas, huidas, escupida feroz al sentir el hierro del primer puyazo, una dolida pelea pero ya sin irse del segundo y, pese a la desidia de una lidia desafortunada, el toro estaba cantado cuando para sorpresa de muchos Talavante brindó al público. ¿Brindar un manso !, pensaron muchos. Es que no era manso, sino que galopó y lo hizo con una boyantía formidable.
Estocada suficiente
Noble, encelado tras sólo dos primeros amagos de abrirse, de largos viajes, humilladas embestidas. Fue el toro ideal para un torero de la disposición, la entrega y la firmeza de Talavante, que, sin meterlo del todo en la muleta, tuvo la astucia de sujetarlo primero y de aguantarle impávido los viajes de ida y vuelta, que fueron muchos. La estocada, muy defectuosa pero suficiente: dos orejas, puerta grande y la temporada caliente.
Más hubo. A El Juli, a cuyo empeño se debe la recuperación de la corrida de Resurrección como fiesta mayor en Madrid, le cayeron en suerte los dos toros menos propicios. El Juli lo toreó a gusto con el capote. A la verónica en el recibo y por chicuelinas en un quite. Las dos medias de remate fueron de antología. Como el pase cambiado de pitón a rabo con que remató el tanteo de apertura de faena. El Juli, en clásico, puso el engaño por delante, tapó el toro, lo dominó, le pudo. Pero la aspereza del toro y sus frenazos y metidas cuando se sintió engañado no dieron para más. El coro reventón, menos numeroso que otras veces, asó a El Juli sólo lo justo. Una estocada trasera y tendida bastó. El cuarto fue mansote y se derrumbó desangrado porque la segunda vara resultó durísima. Rodó en banderillas y costó izarlo. Patinó claudicante después. Muy armoniosa la porfía de El Juli, dedicada sostener en pie al toro con paciencia. Y al volapié, una estocada por el hoyo de las agujas. Y entonces rodó sin puntilla el toro.
elcorreodigital.com Ver enlace. Foto: EFE.
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